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Ningún rincón del planeta está a salvo de la crisis climática. Los cambios en el clima y en el sistema climático son una realidad a la que hay que hacer frente sin titubeos. Muchos de los cambios que ya se experimentan no tienen precedentes en siglos. Algunos, como la continua subida del nivel del mar, la salud de los océanos o el deshielo de Groenlandia y la Antártida ya han arrancado y son irreversibles en cientos o miles de años

Tras el baño de realidad, el grupo de especialistas de la ONU guarda un mensaje para la esperanza que esperan que sirva de estímulo: una reducción fuerte y sostenida de las emisiones de dióxido de carbono (CO2) y otros gases de efecto invernadero limitaría la temperatura y el cambio climático. Para luchar contra la crisis climática hay tiempo, pero cada vez va quedando menos para evitar los peores impactos. Según el Grupo de Trabajo I del IPCC –encargado de este informe–, aunque los beneficios para la calidad del aire serían casi inmediatos, podrían pasar entre 20 y 30 años hasta ver estabilizarse las temperaturas globales.

El informe muestra que las acciones humanas siguen teniendo el potencial de determinar el curso futuro del clima. Una vez más, se reafirma que existe una relación casi lineal entre las emisiones antropogénicas acumuladas y el calentamiento global que provocan. En este sentido, la evidencia es clara en cuanto a que el CO2 es el principal impulsor del cambio climático, aunque no el único: “Limitar otros gases de efecto invernadero y contaminantes atmosféricos, especialmente el metano, podría tener beneficios tanto para la salud como para el clima”, señala Panmao Zhai, copresidente del Grupo de Trabajo I del IPCC.

Aunque estaba previsto que el informe se publicara en abril de 2021, la pandemia de COVID-19 ha retrasado su presentación. La versión final fue aprobada el pasado viernes por los 195 países miembros del IPCC y es la primera de las tres partes que conforman el Sexto Informe de Evaluación (6th Assessment Report, o AR6), el que será el trabajo más completo y actualizado sobre la crisis climática hasta la fecha.

El anterior trabajo dedicado a los fundamentos físicos del clima es de 2013, es decir, antes de que se firmara el Acuerdo de París, donde se pactó trabajar para limitar la temperatura en 2 ºC y hacer todo lo posible para no superar los 1,5 ºC. Sobre esto último, la comunidad científica tiene algo que decir: a menos que se produzcan reducciones inmediatas, rápidas y a gran escala de las emisiones, quedarse en esos umbrales será inalcanzable.

Cinco escenarios posibles

Como consecuencia de las emisiones descontroladas procedentes de las actividades humanas, la temperatura ya ha subido aproximadamente 1,1 °C desde la época preindustrial (1850-1900). Según apunta el IPCC, esta tendencia no se frenará: se espera que, durante los próximos 20 años, la temperatura global alcance o supere los 1,5 ºC de calentamiento –solo faltan 0,4 ºC más para ello–.

¿Qué supone rebasar este límite? Con grado y medio más, aumentarán las olas de calor, se alargarán las estaciones calurosas y se acortarán las frías. Con 2 °C, en cambio, los extremos de calor alcanzarán con más frecuencia los umbrales críticos de tolerancia para la agricultura y la salud, avisa el IPCC.

Estas estimaciones están basadas en la mejora de los conjuntos de datos de observación para evaluar el calentamiento histórico, así como en los avances en la comprensión científica de la respuesta del sistema climático a las emisiones de gases de efecto invernadero de origen humano. En resumen: la ciencia ha dejado todo su conocimiento y potencial al servicio de la clase política, por lo que no hay excusas que valgan.

 Una de las grandes novedades de este informe es que, a diferencia de anteriores, proyecta hasta cinco escenarios futuros en función de las emisiones generadas por la humanidad. Los resultados del siglo XXI se presentan a corto plazo (2021-2040), a medio plazo (2041-2060) y a largo plazo (2081-2100).

Para finales de siglo, las estimaciones de temperatura oscilan entre 1 ºC en un escenario de emisiones de gases efecto invernadero muy bajas (denominado SSP1-1.9) y 5,7 ºC en un escenario de emisiones muy altas (conocido como SSP5-8.5). La última vez que la temperatura global se mantuvo en un nivel igual o superior a 2,5 °C respecto a 1850-1900 fue hace más de 3 millones de años.

¿Qué posibilidades hay de cumplir con el Acuerdo de París? Según los modelos del IPCC, los 2 ºC se superarían a mediados y finales de siglo bajo escenarios de emisiones altas y muy altas (SSP3-7.0 y SSP5-8.5, respectivamente). En el escenario intermedio (SSP2-4.5) es “muy probable” que se supere, mientras que con emisiones muy bajas (SSP1-1.9) es “extremadamente improbable”. Con emisiones bajas (SSP1-2.6) es “poco probable”. Para esta y la próxima década, en todos los escenarios proyectados es casi seguro que se alcance o supere el grado y medio, si bien es casi imposible que se llegue a los 2 ºC.  

Si de verdad hubiera una política estricta de reducción de emisiones hasta alcanzar las emisiones netas cero, el mejor de los escenarios proyectados por el IPCC estima llegar a 2100 con 1,4 ºC de calentamiento respecto a 1850-1900.

Un elemento que se debe tener en cuenta es el presupuesto de carbono restante, es decir, la cantidad de carbono que se puede emitir en un periodo de tiempo si se quieren cumplir los objetivos climáticos. Según las nuevas estimaciones del IPCC, usando 2020 como referencia, limitar la temperatura en el grado y medio implica no sobrepasar las 300 gigatoneladas a finales de siglo. Actualmente, el mundo emite unas 40 gigatoneladas por año, por lo que se gastaría el presupuesto en menos de 8 años. En cambio, quedarse en los 2 ºC supone no emitir más de 900 GtCO2, que al ritmo actual de emisiones se lograría en la década de 2040.

Cada décima de temperatura extra importa

Con un calentamiento global de 1,5 °C, se prevé que las precipitaciones intensas y las inundaciones asociadas se intensifiquen y sean más frecuentes en la mayoría de las regiones de África y Asia, América del Norte y Europa. Asimismo, se prevé que las sequías agrícolas y ecológicas sean más frecuentes y/o graves en algunas regiones de todos los continentes, excepto en Asia, y se espera un aumento de las sequías meteorológicas en algunas regiones.

A partir de 2 °C de calentamiento global, el IPCC no duda en que los fenómenos que ya se experimentan en la actualidad serán mucho mayores y habituales. Por ejemplo, las fuertes precipitaciones y las inundaciones asociadas serán más intensas y frecuentes en las islas del Pacífico y en muchas regiones de América del Norte y Europa. Estos cambios también se observan en algunas regiones de Australasia y América Central y del Sur. Asimismo, se espera que varias regiones de África, América del Sur y Europa, así como Australasia, América Central y del Norte y el Caribe, sufran un aumento de la frecuencia y la gravedad de las sequías agrícolas y ecológicas.

El informe espera, con una alta probabilidad, que el calentamiento adicional amplifique el deshielo del permafrost –el suelo permanentemente congelado–, lo que liberaría millones de toneladas de metano. Además, la pérdida de carbono tras la desaparición del permafrost es irreversible en cientos de años.

También se vería agravada la pérdida de la capa de nieve estacional, del hielo terrestre y del hielo marino del Ártico. Para antes de 2050, “es probable” que el Ártico esté prácticamente libre de hielo marino en septiembre al menos una vez, independientemente del nivel de emisiones actuales y futuras. Que este no se convierta en un evento recurrente dependerá de no alcanzar niveles de calentamiento más altos.

Otro de los cambios esperados como consecuencia del calentamiento global es la mayor intensificación del ciclo global del agua, incluyendo su variabilidad, las precipitaciones monzónicas globales y la severidad de los eventos húmedos y secos. En el caso de las lluvias,  se prevé que la media anual aumente entre un 0-5% en el escenario de emisiones de GEI muy bajas (SSP1-1.9) y un 1-13% en el escenario de emisiones de GEI muy altas (SSP5-8.5) para 2081-2100 en relación con 1995-2014.

Aun sin hacer nada, los glaciares montañosos y polares están condenados a fundirse durante décadas o siglos. La pérdida continua de hielo durante el siglo XXI es “prácticamente segura” para la capa de hielo de Groenlandia y “probable” para la capa de hielo de la Antártida.

El análisis del Grupo de Trabajo I del IPCC llega hasta el punto de estimar, en base a pruebas paleoclimáticas e históricas, que es probable que se produzca al menos una gran erupción volcánica explosiva durante el siglo XXI. “Esto enmascararía temporal y parcialmente el cambio climático provocado por el ser humano”, recoge el informe.

En este punto, ¿hay que descartar situaciones aún más extremas por la baja probabilidad de que sucedan? El panel de especialistas considera que no y que deben formar parte de la evaluación de riesgos. El colapso de la capa de hielo, los cambios bruscos en la circulación de los océanos, algunos eventos extremos compuestos y el calentamiento sustancialmente mayor que el rango evaluado como muy probable del calentamiento futuro son algunos de los futuros distópicos que conviene no obviar.

Las emisiones y la temperatura no dejan de aumentar

Volviendo al presente (y pasado), para el Grupo de Trabajo I es “inequívoco” que la influencia humana está detrás del calentamiento de la atmósfera, el océano y la tierra. En 2019, las concentraciones atmosféricas de CO2 fueron más altas que en cualquier momento en al menos 2 millones de años, y las concentraciones de CH4 y N2O fueron las más elevadas en al menos 800.000 años. Desde 2011 (cuando se reportaron las mediciones en el anterior informe), las concentraciones han alcanzado promedios anuales de 410 partes por millón para el CO2, 1866 partes por billón para el metano (CH4) y 332 partes por billón para el óxido nitroso (N2O) en 2019. Respecto a esto, existe un amplio consenso de que 350 ppm –valor superado a finales de los 80– es el nivel ‘seguro’ de CO2 que debe haber en la atmósfera.

Desde 1850, cada una de las últimas cuatro décadas ha sido sucesivamente más calurosa que cualquier década que la haya precedido. El grupo de especialistas marca en 1,07 ºC el aumento de temperatura por culpa de las actividades humanas. En el caso de España, la temperatura ha subido en 1,7 ºC desde la época preindustrial y 1,3 ºC en los últimos 60 años. Para hacerse una idea de la dimensión del problema, el IPCC señala que las temperaturas durante la década 2011-2020 superan las del periodo cálido multisecular más reciente, de hace unos 6.500 años.

 

Fenómenos cada vez más extremos y habituales

El que podría conocerse como informe de la pandemia llega en un momento en el que resulta imposible negar la crisis climática. Los imparables incendios en Siberia, Grecia, Turquía, Amazonia y otras tantas zonas del planeta, las olas de calor en Canadá y Estados Unidos o las inundaciones en China, India, Alemania y Bélgica, por nombrar algunos recientes, no dejan lugar a dudas. "Este informe es una comprobación de la realidad", sostiene la copresidenta del Grupo de Trabajo I del IPCC, Valérie Masson-Delmotte. "Ahora tenemos una imagen mucho más clara del clima pasado, presente y futuro, lo que es esencial para entender hacia dónde nos dirigimos, qué podemos hacer y cómo podemos prepararnos". Y lanza un mensaje para negacionistas: "Hace décadas que está claro que el clima de la Tierra está cambiando, y el papel de la influencia humana en el sistema climático es indiscutible".

La crisis climática está afectando a muchos fenómenos meteorológicos y climáticos extremos en todas las regiones del mundo. “Es prácticamente seguro que los extremos cálidos (incluidas las olas de calor) se han vuelto más frecuentes e intensos en la mayoría de las regiones terrestres desde la década de 1950, mientras que los extremos fríos (incluidas las olas de frío) se han vuelto menos frecuentes y severos”, recoge el documento. “Algunos de los recientes extremos de calor observados en la última década habrían sido extremadamente improbables sin la influencia humana en el sistema climático”, añaden.

Como consecuencia de la quema continuada de combustibles fósiles, también se han visto alteradas la frecuencia y la intensidad de las precipitaciones intensas, que han aumentado desde la década de 1950 en la mayor parte de la superficie terrestre. Asimismo, el IPCC sostiene que el cambio climático actual ha contribuido a aumentar las sequías agrícolas y ecológicas en algunas regiones, además de incrementar las fuertes precipitaciones asociadas a los ciclones tropicales. Sobre esto último, el informe prevé que la proporción de ciclones categorías 4-5 y las velocidades máximas de sus vientos también incrementen con el aumento del calentamiento global

Los sumideros naturales de carbono están al límite

El IPCC estima con “alta probabilidad” que, durante las últimas seis décadas, los bosques y océanos han eliminado cada año de la atmósfera en torno al 56% de las emisiones de CO2 procedentes de las actividades humanas. Sin embargo, esta ayuda se verá reducida en un futuro. Acorde a las proyecciones recogidas en el informe, en escenarios con emisiones de CO2 elevadas se prevé que los sumideros de carbono oceánicos y terrestres sean menos eficaces para frenar la acumulación de CO2 en la atmósfera. Es decir, los ecosistemas tienen menor capacidad para ayudar a mitigar el cambio climático conforme más gases se expulsan.

Si entre 1850-2019 los sumideros terrestres y oceánicos absorbieron 1430 GtCO2, es decir, el 59% de las emisiones, en 2100, en un futuro donde las emisiones estén disparadas, la capacidad de retención sería solo del 38%.

¿Y a qué se debe esa pérdida de eficacia? En cuanto a los océanos, la influencia humana ha provocado que se haya calentado más rápido durante el último siglo que desde el final de la última época de transición glacial, hace unos 11.000 años

Las emisiones de CO2 descontroladas también inciden en una mayor frecuencia de olas de calor marinas, un incremento de la acidificación y una reducción de los niveles de oxígeno. Estos cambios, que continuarán como mínimo durante el resto de este siglo.

Fuente: climatica.lamarea.com

 

 

Publicado en Extremadura
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La primera parte del Sexto informe de evaluación del IPCC (AR6) señala que el cambio climático está provocando ya cambios regionales. El Mediterráneo será, y está siendo ya, junto al Ártico, una de las zonas más afectadas.

"El cambio climático ya está afectando a todas las regiones de la Tierra, de múltiples formas". Panmao Zhai, uno de los responsables de la primera parte del Sexto Informe de Evaluación del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) de la ONU presentado este lunes resume así el contenido de la que constituye la gran herramienta científica de la que dispondrán los políticos de cara a la toma de decisiones para combatir la crisis climática en la Cumbre del Clima de Glasgow de noviembre.

Alrededor de 250 científicos del clima de todo el mundo han revisado durante tres años decenas de miles de artículos de literatura científica para realizar este trabajo, sometido antes de su publicación al escrutinio de la comunidad científica y de los delegados de 195 países, reunidos desde hace dos semanas para discutir y ultimar su contenido final.

Esta primera parte del sexto informe, que actualiza el que se publicó en 2013, tiene 13 capítulos y está centrada en la física del cambio climático, es decir, cuál es el estado del clima, cómo ha variado, qué parte de esa variación es atribuible a la actividad humana y qué se espera en el futuro (las otras dos partes se publicarán en febrero y marzo de 2022 y analizarán los impactos del cambio climático y las estrategias de mitigación, respectivamente).

"Tenemos pruebas de que el cambio climático no sólo está causado inequívocamente por los humanos sino que ahora podemos afirmar que su origen humano es indiscutible", señala en conversación telefónica Francisco J. Doblas Reyes, director del Departamento de Ciencias de la Tierra del Centro Nacional de Supercomputación, profesor ICREA y coordinador del capítulo 10 del informe del IPCC, que trata sobre los aspectos metodológicos.

"Es un hecho que el hombre es causante de una gran parte del cambio climático. Nos olvidamos del debate negacionista. No hay ninguna base científica, ninguna prueba que permita plantearse lo contrario", coincide el también español José Manuel Gutiérrez, director del Instituto de Física de Cantabria (IFCA/CSIC), que ha coordinado otro de los capítulos, el dedicado al Atlas, y una aplicación interactiva que permite hacer búsquedas selectivas y que es una de las novedades del informe. "Ya hay suficientes pruebas para hablar de cambios regionales", asegura Gutiérrez en entrevista telefónica.

Tras su exhaustiva evaluación de la literatura científica existente, los científicos del IPCC concluyen que las consecuencias del cambio climático puede percibirse regionalmente. Sus efectos se sienten ya en todo el planeta pero, además, sostienen, éstos se están intensificando (los fenómenos que causa son cada vez más intensos) y acelerando.

DE LOS INCENDIOS A LAS INUNDACIONES

El esperado informe llega precisamente en el ecuador de un verano en el que fenómenos extremos están devastando muchos rincones del planeta, con el fuego asolando Grecia actualmente, las recientes inundaciones en Alemania, Bélgica, Holanda y China, o los destructivos incendios en la costa oeste de EEUU y Canadá, Turquía o Siberia.

"Una de las conclusiones nuevas de este informe respecto al anterior de 2013 es que se puede afirmar que todas las regiones de la tierra están viéndose afectadas por el cambio climático. Unas por el aumento de las temperaturas, otras por los cambios en los regímenes de precipitación, otras por la frecuencia de las sequías o incendios...Por primera vez la comunidad científica tiene suficientes pruebas para decir que no sólo se percibe el impacto en la temperatura media global, que no significa nada para la mayoría de las personas porque es un mundo estadístico, sino que esos cambios están ocurriendo ya y afectando a la gente", señala Doblas.

Según detalla el informe, desde finales del siglo XIX la temperatura global de la Tierra ha aumentado ya 1,09 grados (con un margen de error que sitúa ese incremento entre los 0,9 y 1,2 grados), lo que supone 0,29 grados más que lo recogido en el anterior gran informe de evaluación de 2013.

LA REGIÓN MEDITERRÁNEA, 'ZONA CALIENTE'

"En cada región hay múltiples factores climáticos que pueden generar impactos relevantes, y algunos son aparentemente contradictorios. Por ejemplo, tienes una región en la que las lluvias disminuyen y hay más sequías, pero a la vez aumentan las lluvias extremas porque los extremos pueden aumentar, y es algo que está ocurriendo de forma generalizada. Los extremos se están viendo intensificados por el cambio climático", explica José Manuel Gutiérrez.

"El Mediterráneo es un hot spot de cambio climático, una de las zonas calientes donde vemos las señales más claras de lo que puede ocurrir en el futuro, y donde se percibe con más certidumbre que la precipitación decrece", dice este científico del CSIC, que asegura que la cuenca mediterránea en la que se encuentra España es una de las áreas geográficas que más preocupan, junto al Ártico.

La región Mediterránea, donde el aumento de la temperatura desde finales del siglo XIX ha sido superior a la media del planeta, pues ha subido de 1,5 a 1,6 grados, es una de las zonas del mundo que más se está viendo afectada por el cambio climático, después del Ártico. Para finales de siglo, las previsiones, que varían según distintos escenarios de reducción de emisiones y acciones de mitigación, no son nada optimistas.

Según precisa Francisco Doblas, en el escenario más probable (denominado 4.5) globalmente la cuenca mediterránea se calentaría 3,5 grados; El escenario 7.0 apunta a un calentamiento de 5 grados y el escenario más pesimista (8.5), apunta a un aumento de la temperatura de 6.5 grados. "Sin querer alarmar a la gente, son escenarios que dan mucho miedo", admite el científico.

"Mientras el Ártico se calienta el doble de rápido que la media global, el Mediterráneo va ligeramente por detrás, y esto se ve sobre todo en primavera y otoño. Hay un aumento de temperatura muy superior a la media global y un cambio en los regímenes de precipitación, en la frecuencia y severidad de las sequías en la zona mediterránea", dice Francisco Doblas.

Hay otro problema en el Mediterráneo y es que no sólo habrá más sequías y más severas por la disminución de las precipitaciones. "De primavera a otoño se evapora más agua del suelo, por lo que hay menos agua disponible", señala este responsable del Centro Nacional de Supercomputación, en Barcelona.

"Dentro de la región mediterránea, la Península ibérica, el norte de África y la Península de Anatolia, en Turquía, es donde se prevén los cambios más intensos", precisa.

En Europa Central la principal previsión es que tendrán más lluvias torrenciales. "Lo que dice este informe es totalmente compatible con lo que ha ocurrido en julio en Alemania, Holanda y Bélgica", añade.

El investigador subraya no obstante que atribuir estos fenómenos extremos al cambio climático requiere una capacidad para hacer estudios de atribución que en España no hay de momento: "Tenemos la capacidad científica y técnica pero necesitamos invertir en un sistema que permita determinar qué fenómenos extremos están vinculados al cambio climático y cuáles no, como hacen grupos como el World Weather Attribution".

Por otro lado, considera que "la capacidad observacional y de predicciones de fenómenos meteorológicos en España es excelente, como demuestran la AEMET o METEOCAT. El servicio europeo de emergencias del programa Copernicus tiene una capacidad predictiva extraordinaria para avisar con antelación sobre fenómenos extremos, como hemos visto en las inundaciones en Alemania. Las alertas fueron excelentes pero después depende de Protección Civil de cada país dar avisos a la población", argumenta.

DESHIELO EN EL ÁRTICO

Por lo que respecta al Ártico, una región clave para la Tierra, Doblas señala que "uno de los aspectos más llamativos es que a partir de 2050, que es prácticamente mañana, podemos esperar un Ártico libre de hielo, lo que significa que tendrá menos de un millón de kilómetros cuadrados de hielo en verano (en septiembre es cuando alcanza el mínimo de hielo). Son valores realmente muy impactantes pues ahora suele tener entre tres y cinco millones de kilómetros cuadrados, mientras que en los años 80 y 90, tenía el doble, entre seis y siete millones de kilómetros cuadrados. Lo que ha ocurrido en los últimos 30 o 35 años es realmente impresionante, y lo hemos visto directamente con los satélites, no se trata de modelos de predicción", asegura.

Se trata de un sistema muy complejo y vulnerable, con un equilibrio muy precario. La pérdida de hielo y la disminución de su grosor, asegura, afectará a muchos animales que no podrán sobrevivir pero también a comunidades indígenas que dependen del hielo y habrá ecosistemas que se conviertan en invasivos".

De hecho, una de las conclusiones más desalentadoras del informe según destaca uno de sus autores "es que hay consecuencias del cambio climático que no pararán aunque se reduzcan las emisiones de CO2 y seguirán durante siglos o milenios, como el aumento del nivel del mar o la fusión de los hielos continentales y glaciares porque esos procesos se han iniciado ya".

MAYOR REDUCCIÓN DE EMISIONES

El Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) fue creado en 1988 para evaluar de forma integral el conjunto de los conocimientos científicos, técnicos y socioeconómicos disponibles sobre el cambio climático, sus causas, posibles consecuencias y estrategias de respuesta por parte de los Gobiernos. El que se ha presentado hoy es el sexto informe de evaluación realizado desde 1988 por el IPCC, que en 2007 recibió el Nobel de la Paz junto a Al Gore.

"Este informe es una herramienta para los políticos que nos han pedido los políticos y los científicos de todo el mundo nos organizamos para ofrecerla. No se trata de que los científicos intentemos convencerles de nada, ellos quieren tener la mejor información disponible para tomar decisiones", dice Doblas.

Además de estos grandes informes de evaluación, periódicamente el grupo de lPCC publican trabajos especiales centrados en algunos aspectos, como el informe 1,5 grados de 2018. La conclusión principal fue que los gobiernos debían reducir las emisiones de gases de efecto invernadero a la mitad para 2030 para limitar el calentamiento a 1,5 grados (respecto a la temperatura que había al inicio de la revolución industrial) a finales de siglo y evitar así las consecuencias más graves del cambio climático.

En el Acuerdo de París de 2015 la comunidad internacional se marcó como objetivo que la temperatura no subiera más de dos grados a finales de este siglo y hacer todo lo posible por limitarlo a 1,5 grados, pero este nuevo informe deja patente que para lograr esos objetivos, la reducción de CO2 y de otros gases de efecto invernadero debe ser mucho más ambiciosa.

"Para poder alcanzar ese limite de 1,5 grados necesitamos una reducción inmediata y a gran escala de gases de efecto invernadero. Hay un mensaje optimista y es que la acción está en nuestras manos. Somos capaces de hacerlo pero hay que actuar de forma rápida", dice Doblas.

Para lograr el objetivo internacional de que no suba más de 1,5 o 1,6 grados habría que conseguir la neutralidad de carbono hacia 2030 (los planes actuales de la mayoría de países abogan por conseguirlo en 2050 o en el caso de China, en 2060).

Gutiérrez asegura que este sexto informe "es un esfuerzo colectivo brutal". "En estos tres últimos años le he dedicado más del 80% de mi tiempo, y todos los que hemos participado en él lo hacemos con el deseo de que les sirva a los Gobiernos para actuar porque es un trabajo muy consensuado. Buscamos algo inapelable que puedan utilizar". Por eso, afirma, se publica cada 7 u 8 años y no con más frecuencia.

"Se espera unos años para que la ciencia pueda avanzar, se mueva y haya nuevas evidencias que se sumen a los informes anteriores. El IPCC no hace ninguna afirmación basándose en un artículo reciente o aislado, se basa en ciencia sólida", señala. Por eso añade, hay quienes los consideran tanto catastrofistas como conservadores: "En ciencia las cosas no se consolidan de un día para otro. Lo que sería desastroso es que el IPCC sacase unas conclusiones que se demuestren después que son falsas o débiles", sostiene.

"Pedimos a los gobiernos que por favor usen este informe, tienen la herramienta que necesitan para actuar, aunque esas actuaciones sean duras y difíciles de tomar. Esperamos que sirva para tomar decisiones importantes", añade Gutiérrez, que señala que aunque estamos en la carretera correcta siguiendo la dirección correcta, "hace falta pisar mucho el acelerador".

Fuente: Elmundo

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Miércoles, 25 Septiembre 2019 10:22

Celebrada en Nueva York la Cumbre del Clima de la ONU 2019

El 23 de septiembre de 2019 se ha celebrado en Nueva York la Cumbre del Clima en las instalaciones Organización de Naciones Unidas. Con algunas importantes ausencias oficiales como Estados Unidos y Brasil, hacer balance de las reuniones internacionales sobre cambio climático sigue siendo el relato de la botella medio llena y medio vacía.

Como resumen del balance oficial de resultados:

  • 77 países se comprometieron a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero a cero netos para el año 2050
  • 70 países anuncian que impulsarán sus planes de acción nacionales para 2020 (en el marco del Acuerdo de París) o que han comenzado el proceso para hacerlos realidad.
  • Más de 100 líderes empresariales realizaron acciones concretas para alinearse con los objetivos del Acuerdo de París y acelerar la transición de la economía gris a la verde.
  • Más de 100 ciudades, incluidas muchas de las más grandes del mundo, anunciaron importantes y nuevos pasos concretos para combatir la crisis climática.
  • 12 países asumen compromisos financieros con el Fondo Verde para el Clima, el organismo financiero oficial mecanismo para ayudar a los países en desarrollo en prácticas de adaptación y mitigación para contrarrestar cambio climático. España anuncia 150 millones de euros en los próximos cuatro años.
  • India se compromete a aumentar la capacidad de energía renovable a 175 Gw para 2022 y se compromete a seguir aumentando a 450 Gw.
  • China anuncia que reduciría las emisiones de gases de efecto invernadero en más de 12.000 millones de toneladas anuales, y que seguiría un camino de alta crecimiento de calidad y desarrollo bajo en carbono.
  • Francia anuncia que no firmará ningún nuevo acuerdo comercial con países que tienen políticas contrarias al Acuerdo de París.
  • La Unión Europea anuncia que al menos el 25% del próximo presupuesto de la UE se dedicará a actividades relacionadas con el clima.
  • La Federación de Rusia anuncia que ratificará el Acuerdo de París, con lo que el número de países que se han adherido pasará a ser de 187.
  • Pakistán anuncia que plantará más de 10.000 millones de árboles en los próximos cinco años.
  • 87 empresas importantes se comprometen a reducir las emisiones y alinear sus negocios con lo que los científicos dicen que es necesario para limitar lo peor impactos del cambio climático.
  • 130 bancos, un tercio del sector bancario global, se inscribieron para alinear sus negocios con las metas del Acuerdo de París en la transición energética.
  • Francia y Nueva Zelanda anuncian que no permitirán nuevas explotaciones de petróleo o el gas en su territorio o en sus aguas territoriales.
  • Finlandia, Alemania, Grecia, Hungría, Irlanda, Italia, Países Bajos, Portugal, Eslovaquia y la República de Cora anuncian medidas para eliminar el uso del carbón en centrales de energía.

Pese a que se han alcanzado acuerdos positivos, no han faltado las críticas a la actuación de los gobiernos en material del lucha contra el cambio clímatico. Antes de concluir la cumbre ya se conocían críticas de diversos sectores, en especial las protagonizadas por Greta Thunberg, con frases como la dirigida a los líderes mundiales: “Si elegís fallarnos, os digo que nunca os perdonaremos; no dejaremos que os salgáis con la vuestra”. Tras el discurso de la joven activista sueca, ella misma y otros 15 jóvenes presentaron una queja oficial sobre el impacto de la crisis climática sobre los jóvenes ante el Comité de los Derechos del Niño de las Naciones Unidas. La cumbre de Nueva York estaba preparada para recibir no discursos sino planes y acciones concretas, pero “no ha habido nuevos compromisos sustanciales de los jefes de gobierno, con discursos en algunos casos vacíos de contenido”, según afirma la periodista especializada en cambio climático Chloé Farand en un artículo de análisis publicado en Climate Home News.

Fuente: lavanguardia.com

Artículo de referencia: https://www.lavanguardia.com/natural/cambio-climatico/20190924/47609578722/balance-cumbre-clima-onu-nueva-york-criticas.html

 

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